34 Libro La Pareja
La Pareja, inmanejable par aparente
La Pareja, una multitud
Este libro de poesías registra el profundo conflicto que me significó enamorarme de una
brillante jovencita cuya belleza, sexualidad y virtudes arrasaron con mi falta de corazón.
El atractivo que ella despertaba en mí y mi admiración ante sus virtudes se contraponían
al hecho también evidente de que no tenía ninguna lógica ni perspectiva de éxito el que
un hombre de 50 años si fuera vivir con una muchachita de 18.
Y mucho menos lógico resultaba si el hombre de 50 años llevaba trece años viviendo con
una mujer maravillosa, bastante más joven que él, con respecto a la cual además tenía
sentimientos de amor, admiración y profundo agradecimiento.
Pero las cosas se fueron dando con fuerza hasta que finalmente me vi obligado a admitir
que era legítimo aunque injusto dar el desquiciado paso de irme a vivir con la muchachita
y abandonar a una magnífica y maravillosa mujer.
Dejé constancia de este conflicto en ese libro del cual ni siquiera fui capaz que decidir cuál
es el título que se merece y en el cual di testimonio del conflicto al que me refiero.
En mi afán de comprender lo que afortunadamente es incomprensible, en ese libro
desarrollé una teoría que comienza por reconocer la existencia del Yo Fisico o Yo Real,
forma concreta y objetiva de mi propio ser, desconocida para mí y para los demás, porque
la percepción que se tiene de él es propia y peculiar de quien lo percibe.
El Yo Real es el ente que sube o baja de un automóvil, por ejemplo.
Cuando digo "Yo como" es que observo que ese animal (el “Yo Real”) se está alimentando.
No sería apropiado afirmar "Yo Real como", puesto que ese animal sobre el cual galopo o
deambulo por la vida (según sea el caso) es ajeno a mí. Lo apropiado es decir "Yo Real come"
El ente que percibe los sabores, olores y placeres o desencantos asociados al comer y que
además percibe que ese animal está alimentándose, es el "Yo en Mí" (YoeM), habitualmente
conocido como "Yo".
Cada “Yo Real” genera en sí una percepción o sensación de sí mismo: el "Yo en Mí": su
consciencia refleja unida a su conceptualización instantánea acerca de sí y de dicha
consciencia refleja.
Este "Yo " generado en, por y para el Yo Real, suele creer que existe “dentro” del Yo Real.
Como el "Yo " es incorpóreo, ya que solo es un arreglo instantáneo de información
permanentemente cambiante, mal puede existir “dentro” de algo o de alguien.
Con respecto a dicho arreglo de datos cabe destacar que suele limitarse al conjunto de los
valores que el Yo cree percibir de cada una de las dos a diez variables que maneja en la
necesidad de simplificar las cien mil que conforman o determinan instantáneamente su
“Yo Real”.
Y así como ocurre conmigo, existen tu Yo real y tus percepciones acerca de él, y acerca de
mi y mis percepciones acerca de tus percepciones acerca de él.
Adentrándome en la existencia de los diversos yo y tú que existen en cada persona
postulo que en una pareja normal conviven catorce personas, las describo y demuestro
que la pareja no es un par como parece ser sino una multitud, lo que explica la
imposibilidad de gobernanza que padece.
Todos estos seres existen y, con la excepción de dos de ellos (los animales materiales y
concretos, independientes y vivos), pertenecen a una misma categoría: son virtuales. No
tienen asidero o condición real alguna, por lo que desaparecen tan pronto deja de existir
el animal en torno al cual se dan, oportunidad en que se convierten exactamente en lo
que son: nada.
El autor de estas líneas, como el de toda otra, es un Yo (un “Yo en Mí”) que se vale del “Yo
Real” que lo cobija para golpear el teclado y para enterarse de cuáles son, exactamente,
las letras que van apareciendo.
En la poesía “Nosotros, inmanejable par aparente”, salvo especificación en contrario se
denomina "Yo" a “Yo Real” y se llama "Tú" a “Tú Real” porque ellos son los seres objetivos
y corpóreos que generan el efecto devastador denominado amor.
El amor es un grave asunto entre el YoReal y el TúReal que determina que disfruten,
sufran y se debatan no menos de diez personas virtuales, sin contar testigos, familiares y
amigos.
Una de las muchas causas del problema de comunicación que inevitablemente sufre la
pareja deriva de
a. que yo llamo “tú” tanto a “Tu Real” (vale decir a tu “Yo Real”, pues ellos sí son la
misma persona) como a “Tu en Mí” (alguien que tú no conocen aunque pueden
vislumbrar, o deducir, parcialmente) como a tu “Yo en Mi” (a quien yo no puede
vislumbrar) y
b. que tú al escucharme tiendes a pensar que solo me refiero a tu “Yo en mí”, esto es:
a quien tú estimas en ese momento que eres tú.
Otra de las muchas causas de ese problema de comunicación es que la mayor parte de los
“Tú Real” ni siquiera se detienen a pensar que existe tanto su “Yo Real” como su “Yo en
mí” (que es quien debería detenerse a pensarlo) y que ambos son dos personas tan
distintas como pueden ser un ente material y otro que no lo es.
Un tercer problema para la pareja es que sus respectivos “Yo en mi” están
permanentemente afectados por el SSD (Síndrome de la Sensación Dominante).
La conciencia natural o no deliberada permite que el “Yo en Mi” normalmente sea
consciente de muy pocas sensaciones simultáneas. Esto ocurre con la conciencia no
deliberada puesto que, si nos proponemos hacerlo durante algunos momentos, podemos
ser conscientes de muchas de las sensaciones que percibimos simultáneamente.
Con infinita mayor intensidad ocurre similar distorsión perceptiva cuando, en lugar de
insoportable calor en la playa o un gran pedazo de carne entre los dientes, percepciones que
si son suficientemente intensas borran toda otra, padecemos de celos, devastadora
enfermedad.
Presa de los celos solo percibes tus celos, y yo, que aún no descubro que tu “Yo en Mí” está
asfixiado por ellos, soy capaz de conversarte de asuntos intrascendentes y aun de intentar
poseerte o palpar parte del exquisito “Tú Real” sin previamente seducirte, lo que romperá tu
capacidad de contenerte.
Entonces te valdrás de tu también agobiado “Yo real” para golpearme y me obligarás a
defender a mi “Yo real” mientras apresuradamente ajusto mi “Tú en Mi”.
¿Agobiado también el “Yo real”? ¿Cómo es posible que ese ser independiente y vivo, ese
cuerpo material y concreto pueda verse agobiado por el peso de la siniestra nube inmaterial
de los celos?
Lamentablemente el “Yo en Mí” es capaz de convertirse en titiritero del ser real que le da
vida. Puede ponerlo a tartamudear, causarle úlceras, despojarlo incluso de las “ganas de vivir”
que nunca tuvo, que le fueron atribuidas, y a tal extremo puede despojarlo de esa atribución
inexistente y virtual que el “Yo real” puede perturbarse hasta el extremo de dejar de ser,
desaparecer, morir.
Cuánto más pueden mi “Yo en Mi” y el tuyo (o “Tú en Ti”), convertirse en titiriteros
simultáneos de nuestra pareja, del nosotros, del inmaterial nosotros y despojarlo no solo de
las ganas de vivir sino de su propia esencia o razón de ser, sin contar con que el desaguisado
que por sí solo supone que dos titiriteros, enredo de hilos y voluntades, ejerzan su arte o,
peor aún, su simple descuidada afición por los títeres, sobre un mismo par de vitales muñecos
que suponen inanimados.